miércoles, noviembre 01, 2006

Crónicas de barcelona ISBN ISBN 0-9683701-1

Crónicas de Barcelona ISBN 09683701-1 Carlos Echeverry Ramirez



Carlos Echeverry Ramírez(Colombia)

Reservados Todos los dderechos de Autor ante CIPO y WIPO


Crónicas de Barcelona ISBN 0-9683701-1



Gorka miraba por horas fascinado que siempre se paraban de sus sillas o del sofá donde estaban sentados al escuchar las melodías y sin mirar para ningún lado movían lentamente sus cuerpos al ritmo de la música y cerrando los ojos bailaban recordando aquellos momentos e instantes cuando tuvieron a sus diosas coronadas en momentos de años mozos en sus vidas.

Tiempos que fueron jóvenes y bellos y quizás también fueron dueños del mundo por un instante. Aunque sólo hubiera sido el pequeñito y minúsculo mundo de ella y él.

Compartiendo juntos esos días llenos de grandes momentos cuando escuchaban "los te quiero", -yo también-, ¿siempre me amarás? -Sí mi vida siempre- ¡júramelo! -Sí amor te lo juro-, ¿me serás siempre fiel mi vida? -¡Sí amor siempre!, -déjame termino la tesis y te doy un hijo. Y todas estas palabras ya lejanas para muchos y los dos en este momento. Y así la vida tuya y la nuestra se les fue y se nos fue, se nos fue... de las manos, escuchando palabras y sonidos en monólogos durante tantos años pasados, ¿recuerdas amor?, esas palabras son sólo palabras, y que hoy forman la parte triste de aquello llamado: El olvido.

Algunas veces que él bailaba entre ellos quería en esos momentos eternizar para todos y para ellas, en la habitación de la reunión en Barcelona esos segundos en los cuales nos sentimos dueños del mundo. Cuando nada nos importaba.

Que ellas recuerden cuando eran unas Diosas Divinas.

Unas de las más bellas entre las bellas. Y que los aplausos y la admiración los recibían por doquier. En todas partes. Y sobre todo en las grandes pasarelas y desfiles de la moda efímera llenas de luces y flash.

En los grandes recintos académicos de las universidades de Boston, París y Barcelona. En Londres o Singapur las ovacionaban igual que en Caracas o Berlín y en Bogotá, Río o en Madrid, Rosario y Ámsterdam y Ciudad de México o Guadalajara.

Amor mio mi dulce amor...recuerdas cuando escuchabas los aplausos de los poderosos y que al final eran sólo mediocres que te aplaudían sin parar y reías mucho en esas noches y en aquel entonces y eras la más bella.

Que ponías tranquilamente e indiferente el precio al mejor postor y como querías.

Que mirabas segura a todos los hombres, que los dominabas con tu mirada y que de todo creías tener el control. Convencida estabas que podías conquistar el Mundo y tenías a tus pies todo, donde y cuando lo querías y eras muy joven en aquel entonces....

Que sin esconderlo decías al "hombre de turno" casi en llanto y al final de la noche en medio del licor, la heroina y la cocaina, bajo las luces de neón o en las habitaciones en penumbra llenas de espejos o caminando angustiada en las angostas y oscuras callejuelas y buscando, buscando un Hogar le decías: "Sólo te pido que me quieras un poquito".

Era lo que le decías desesperada implorando por el Amor ...en esos segundos eternos en ese instante cuando susurrabas al oído, al nuestro, al de todos ellos, Buitres asquerosos y aves de carroña y marineros de barquitos de papel ... y más que todo aquel que no has podido olvidar nunca, nunca y despues de todo aquello : el mío.

Tu aliento, tu risa al amanecer como murmullos alegres, y escuchábamos el trinar de pájaros con la aurora, tu sangre, nuestro hijo... aquel que pudo ser y nunca lo fue. "Te quiero más que nadie en este mundo", le decías al “hombre” aquél cuando hacías en ese entonces tu tesis de grado y esperabas la homologación de tu titulo.


Ya hoy recuerdas cuando juntos besábamos felices el Universo en noches alegres de amaneceres suaves y tibios con olor a mango dulce.

Allá en la ardiente llanura de la vida, en en la ciudad de cali y en aquellos felices dias de Enero y besabamos la noche eterna, tu vida, la nuestra, la vida de todos en este mundo. Y que ya hoy en día es tan solo dolor y llanto en tu vejez y en la mía.

Cuando también creían ellos dos juntos y solo los dos en medio del canto de las cigarras y los colibríes al mediodía y debajo de los siete gigantescos palos de mango del patio de tu casa, allá en la llanura, los dos en medio de besos ardientes y lunas llenas en la noche corta, creíamos equivocadamente que el Amor era eterno. Que me serías siempre fiel, antes que él. Y que al oído le decías con ternura: Seré siempre tuya amor...

Le hiciste creer que íbamos a ser jóvenes y bellos y que los amaneceres eran siempre nuestros. Lo abrazabas y me hacías sentir dueño del mundo. Lo besabas todo íntegro y le decías: todo lo tuyo es mío amor, y lo mío era todo tuyo.

Así lo hacías sentir y te creí ciegamente como un niño. Le hiciste soñar en que todo era nuestro. Que por estar juntos merecíamos todo y nos apropiábamos de todo y del mundo como si fuera nuestro también y sin tener la suficiente madurez y conocimiento, experiencia y sabiduría, para adueñarnos de la brisa con sus atardeceres rojos en la llanura.

Sin pensar más en todo lo anterior de su vida, amor, mi dulce amor, por qué ahora que está bailando lentamente y que el cuerpo ya no le responde por los dolores y su rigidez, y que está desdentado y lleno de arrugas, viejo, calvo y que sólo quiere decirte con alegría en su cara, esa que es tu cara también y fue la nuestra, la de ellos, la de nosotros y con sus risas y besos compartidos y alientos tuyos y míos, y que es la vida de todos los aquí presentes en la habitación mía, en Barcelona y en este mundo. Tu mundo, el de tu madre y tus hermanos...y tu familia.

Quiere decirte que sólo le quedan las ilusiones de aquellos días cuando lo pusiste a soñar como un niño en un mundo mejor.

Un mundo más justo y más solidario para todos los hombres, mujeres ancianos y niños de este mundo. Le enseñaste a construir un mundo sin hambre y sin miseria y me enseñabas a soñar y amar un futuro para los dos.

Para todos, para todo el mundo entero. Le enseñabas a querer el Amor en los amaneceres que eran fríos y sólo teníamos un colchón viejo en el piso y cuando todavía no le habían robado las ilusiones y creía en ti. Y todos los presentes en esa habitación de la pensión en Barcelona creíamos en ti.

En ese mal llamado Amor... y en el mundo y en la justicia que nos rodeaba. Creía en ti. Cuando era más joven y todavía te esperaba.

Esta noche amor, mi amor mi dulce amor de la llanura con amaneceres con olor a fruta dulce y arenas ardientes, cuando quizás nadie te espera... tú, una anciana igual a ellos, y por allá lejos muy lejos de mí y de nosotros aquí pensando y deseando que tu vida y la de ellos no sea dura... Ancianos todos y cuando nadie nos espera ya tampoco ni en ningún lugar y que sólo nos espera la Muerte como a todos los ancianos que he conocido y por los otros que cotidianamente comparten conmigo esta habitación y esta fiesta de despedida a ella.

Hoy en día y en esta noche y únicamente esperando la muerte, cada noche es una despedida y un canto a la vida y un rechazo total a la ilimitada violencia que existe en este mundo.

Una protesta a este injusto mundo.

Carlos Echeverry Ramírez
Es miembro de la Union de Escritores de Canada
para Catico.

fitofeliz@hotmail.com

Crónicas de Barcelona



Crónicas de Barcelona (l) ISBN: 0-9683701-2-8 Carlos Echeverry Ramírez







Crónicas de Barcelona (l) Fragmento
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©Carlos Echeverry Ramírez- Colombia-Canada
Es miembro de la Union de Escritores de Canada
Crónicas de Barcelona

ISBN: 0-9683701-2-8


Para todas las Mujeres de argentina y en especíal a su más digno representante y exponente...

Fragmento

Me paro en silencio y camino despacio, muy despacio, hasta la ventana. Quiero sentir la brisa y el olor a mango dulce.

Es quizás esa nostalgia por la brisa del Caribe que me lleva a la ventana para viajar con la mente a aquellos lugares donde fui feliz.

Miro a través de la ventana y todo es silencio. Siempre encuentro el silencio al final de todo. Siempre. ¿No sé por qué? pero el silencio está allí a cada instante de mi vida.

La calle está tranquila, hay poca gente, y Gorka observa a través de la distancia jóvenes caminando desviados, extasiados, consumiendo hachís y heroina por toneladas. Con sus walkman escuchando ese rap y ese rock de la música de mierda gringa, mientras caminan a las conocidas Ramblas de Barcelona.

La brisa suavemente entra en la habitación, la siento y la disfruto como cuando tenía doce años y salía por la tarde de cine del teatro Bolívar en la ciudad de Cali y me venía caminando con mis amigos por la avenida Sexta.

Ahora sólo escucho a lo lejos que suenan las putas campanas de la iglesia como todos los días, desesperadas buscando clientes arrepentidos y manipulados por el sentimiento de la culpa y por los curas.

Y ¿dónde estarás my darling y mi trucutu?

Muchísimas veces se preguntaban los ancianos cuando veíamos pasar las morenas o las rubias escandinavas y que a veces mirábamos por la ventana o desde nuestro balcón.

¿Dónde estás mi amor?, y observábamos con los cuerpos y las risas desdentadas y las ilusiones ya idas con los años, recordando los atardeceres rojos a la orilla del mar o en las montañas con sus sombras entre los árboles buscando lugares dónde terminar el día.

Gorka apenas escuchaba los ancianos con sus quejas del amor lejano y observaba sus miradas que buscaban en aquellos años idos y muchas veces también igual que ellos decía y repetía lo mismo.

-¿Dónde estás mi amor...?

©Carlos Echeverry Ramírez
Toronto Noviembre del 2004
Para catico.

Reservados todos los Derechos de Autor
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