miércoles, octubre 03, 2018

No olvidar. Las Crónicas y Anticrónicas de Barcelona, para Colombia...

Un abrazo fuerte a todas las amigas y lectores en hispanoamerica.
Mis mayores deseos de bienestar, Solidaridad  y alegria,  a las extraordinarias Mujeres de Brasil,  y otros lugares en los cuales el futuro; de nuestros pueblos depende de todas ellas. Gracias infinitas...En la fotografía con la gran y extraordinaria Mujer Colibrí de Chile, que dijo en Colombia: NO a la Guerra



Fragmento de:
 Las Crónicas y anticrónicas de Barcelona




Y así mientras reíamos, escuchábamos música
y charlábamos en la habitación bajo la luz de unas
pocas velas, entró de repente un hijo de puta
negro gigantesco dando unas zancadas inmensas
de abuelo palenquero. ¡Que susto! ¡Que sorpresa!
Era de esos negros que de pueblo en pueblo
de la costa caribeña y pacífica de Colombia, en la
época de la esclavitud, se vendían en la Plaza de
los Coches, de Cartagena, como si fueran relojes
baratos de la China entrados de contrabando. La
casi total oscuridad de la noche y las sombras
lo hacían parecer más grande que satanás, con
unos dientes enormes, una anchísima espalda
y unos brazos musculosos que parecían las alas
de un murciélago extraterrestre. Todo el mundo
se petrificó al verle dentro de nuestro pequeño
habitáculo y feliz espacio nuestro.
Nadie se movió del susto ni moduló palabra
alguna.
—“¡Quietos todos ahí, mis parroquias y
presidentes. Incluyendo aquellos de los pueblos
y culebreros de la patria grande! ¡Quieto todo
el mundo, hijos de puta! ¡Quieta, mi Margarita,
que aquí llegó el negro ese de Buenaventura a
Barcelona!”—.
Yo me paralicé y aterrorizado me quedé. ¡Dios
mío, esto es un atraco! Nos va a matar a todos este
negro. Los ancianos de la habitación no podían
creer que estuvieran viendo aquello a esas horas
del amanecer...
Continua...
Reservados todos los Derechos de autor en todos los idiomas y medios de reproducción para todos los paíces del mundo.
 Toronto Octubre 3 del 2018

martes, junio 05, 2018

La banderita Tricolor para la Colombia Humana


A ella que le encanta la Guanabana...
©1996-2018-Carlos Echeverry Ramírez (Colombia)
Reservados Todos los derechos de Autor ante CIPO y WIPO para todos los países del mundo en cualquier idioma o formato. Otra portada y otro color es copia pirata y de Fundación y editorial en la Argentina, que roba los derechos de Autor.
Primera edición año 1996 Toronto-Canadá ©CAER+ Catonet Grupo
La Banderita tricolor -- Fragmento de: El último Viaje
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Ginebra, Nov. 18, 1996
Recordado Cato,
Recibimos tu postal. Nos llenó de risa y alegría, nos trajiste recuerdos maravillosos del día llamado ya, Fiesta de los Inocentes.
Esperamos que estés bien de salud, que tu dolor en la espalda, causado por el golpe con el fusil en la estación del tren, haya desaparecido sin rencor alguno contra el hombre que lo causó.
Te escribo primero que todo para desearte una próxima ¡Feliz Navidad! en unión de tu esposa; también queremos mi esposa y yo que la ilusión de vuestro primer hijo se haga pronto una realidad.
Nosotros tres estamos bien, ya terminó mi trabajo en la prisión, pero continúo trabajando en mi tesis; mi esposa tiene un trabajo de medio tiempo, ella enseña francés a los pocos exiliados políticos que acepta este país.
Nuestro hijo, Daniel, hasta el presente no presenta problemas de ninguna índole en su desarrollo, esto nos llena de alegría y tranquilidad.
Te escribo porque considero un deber moral comunicarte los hechos que recientemente conmocionaron a la sociedad Suiza y que a mí, en lo particular, me perturbaron. Hace unas semanas solamente, fue encontrado al lado de un contenedor donde se deposita la basura de los edificios, el cadáver de un hombre.
Este muerto, como todos los anteriores cristianos, que van a la vida eterna, era un caso más, un hecho normal y esperado en la rutina de esta ciudad, hasta el momento en que entró en el fúnebre anfiteatro municipal. Su cara y cuerpo, huellas dactilares y palma del pie, mostraron identificación exacta a la de los archivos municipales. El Doctor Fontanelle, director del anfiteatro y del equipo médico, que hace las autopsias dijo en rueda de prensa, el nombre y apellido de este cadáver: Ives Du bois.
Para la gran sorpresa de todos, este muerto tenía en su cara, una expresión extremadamente ingenua que reflejaba una profunda paz. Su rostro y últimos rictus mortales no decían mayor cosa de sus finales momentos.
Los estudiantes de la universidad, incluyéndome a mí, para la práctica de la materia forense de antropología, y antes de practicar la autopsia correspondiente, veíamos este cuerpo ya dormido en la paz eterna con una curiosidad creciente al notar que tenía la particularidad de no parecer muerto, sino un cristiano arrepentido en estado cataléptico. Después de larga búsqueda, encontramos un espejo pequeño y lo colocamos milimétricamente sobre sus amplias fosas nasales para estar seguros de que no respiraba.
Al mismo tiempo y ahora un poco más tranquilos, los otros galenos presentes y estudiantes en práctica, después de discutir y especular sobre la apariencia del acostado allí cubierto con un sudario blanco, llegaran a la gran y definitiva conclusión, de que este muerto parecía más bien que estuviera haciendo una larga siesta, aquel dichoso y largo sueño, que todos ustedes los latinoamericanos hacen en las hamacas por varias y largas horas en la tarde, después del mediodía.
Lo más interesante de este suceso que alteró totalmente y en forma dramática la paz de esta pequeña ciudad de Ginebra fue la frescura de su cuerpo; pudimos pensar todos los presentes, junto con el inspector J. Genet, que este cristiano no quería ser molestado o despertado de su siesta eterna.
Estábamos nosotros en la sala presenciando todo esto como testigos oculares de la autopsia. Veíamos cómo el bisturí se deslizaba por el pecho y abdomen para sacar sus vísceras. De esta forma vimos sacar cuidadosamente el estómago; intrigados los seres en este recinto observamos cómo este órgano estaba lleno a reventar de un líquido obscuro. Al abrirlo con el bisturí, para sacar este elemento y hacer un examen químico, de él salió inmediatamente, el penetrante aroma a "Café de la Colombie", que envolvió el amplio anfiteatro, oficinas, casa vecinas y los barrios contiguos, causando con su agradable aroma un placentero bienestar en sus ciudadanos.
Muy raro. Algo sorprendente. Yo que por rutina estoy acostumbrado a estas cosas, es la primera vez que presenciaba este extraño fenómeno. Minutos después del examen en el laboratorio supimos que este hombre, ahora cadáver, se había envenenado con el elemento químico para exterminar las ratas, aquél que venden en cualquier supermercado o en la tienda más humilde de cualquier rincón de la tierra.
Este cadáver con una inverosímil cara de inocente fue el hombre bruto y salvaje que en la estación del tren, en acto irracional, descargó el fusil en tus espaldas, delante de centenares de personas y niños presenciando este penoso e inaceptable hecho.
Las autoridades y sus gentes tomaron esta muerte como un suicidio. La ciudad entró en conmoción al conocer este episodio dramático y volvieron los rumores sobre lo que pasó en la estación y el tribunal.
Al entierro, fuera de su esposa y su pequeño hijo de siete años, sólo asistieron sus padres y por fuerza mayor algunos funcionarios del gobierno. Las gentes conmovidas y asustadas, poco a poco volvieron a sus rutinas habituales, la nieve se aproximaba, lo mismo el esperado Papá Noél.
No había pasado mucho tiempo cuando, otra vez, en el apartamento de un edificio y ante un miedo total y sorpresivo en las gentes por esta visita simbólica de la muerte en nuestra apacible ciudad, las autoridades encontraron el cadáver de una mujer.
Cato, esto nos parecía imposible de aceptar. ¿Qué destino fatal venía a nosotros?

Ese día, las mujeres de Suiza, las mujeres europeas y norteamericanas utilizando los medios del Internet para comunicarse tomaron esta nueva muerte como un símbolo, como un hecho de protesta contra la violencia que existe en el mundo en todas sus formas, a través de la historia y en lo que finalmente se convirtió el hombre moderno, aquél que sólo vive con el único objetivo en su vida de conseguir el dinero, no importándole que tipo de acción o trabajo mezquino ejecute para lograrlo.
Cato, excusa mi carta, pero debo escribirte y contarte todo. Es muy importante que conozcas la verdad. ¡Sólo la verdad!
Esta mujer de Ginebra que murió y mujer habitante de todo el Universo; cansada de parir la vida, de sentir sus cambios fisiológicos, de alimentarla durante nueve meses para luego ver, a través del tiempo que ese ser que ella creó con tanto amor, amor único, amor imposible de conocer por el hombre, al pasar los años y en condiciones a veces infrahumanas de subsistencia, alimentando con su teta, con su cuerpo, con su vida, para ver casi siempre al final de su muerte y del segundo milenio, que el ser que creó y que cargó dentro de su cuerpo es hoy un monstruo, un verdadero... ASESINO,
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO,ASESINO
Dicen que eran las últimas palabras de la mujer que se suicidó, cuando perdida y con su dolor a cuestas caminaba en las noches obscuras llevando de la mano desconsolada a su pequeño hijo por las calles de Ginebra.
Esa mujer era la esposa del hombre que te golpeó con un fusil en la estación del tren cuando arrodillado con tus manos en alto pedías clemencia.

ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO.
Eran sus últimas palabras, fue todo lo que los habitantes de Ginebra y sus vecinos la escuchaban decir cuando en llanto y la sola compañía de su hijo único, tomó la determinación de envenenarse igual que su esposo.
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO.
Que mata sin piedad a sus congéneres, con crueldad no conocida en fiera alguna; que los asesina lentamente y con premeditación, diseñando en reuniones secretas donde sólo entran los hombres, algunas veces con uniformes y otras en trajes de civil sistemas económicos que no permiten a los otros hombres y mujeres desarrollarse integralmente como seres humanos, siendo condenados a vivir perpetuamente en una cruel esclavitud salvaje, sin jamás poder aspirar a llevar una vida digna de un verdadero ser.
ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO, ASESINO...
Eran sus últimas palabras cuando caminaba llorando, perdida con su pequeño niño; ASESINO que sin compasión alguna mata rápidamente a los otros hombres, mujeres y niños por medios de las asesinas bombas, como en Hiroshima y Nagasaki y, hoy en día, con sus productos químicos y experimentales de virus, bacterias y microbios en las guerras ya conocidas por nosotros en Vietnam, Iraq, Irán, África y Latinoamérica..
Ser cansado, mujer extenuada consciente del paso del tiempo en su cuerpo, con sus horas, días, meses y últimos segundos para crear la vida; mujer extenuada que mira con angustia y sin voz, y ve llegar el final del siglo y el milenio, con sus hijos convertidos en bestias irracionales y en el ser más cruel y asesino que se tenga conocimiento en la historia de la humanidad y el Universo. Historia escrita y narrada con orgullo y alegría en muchos países del norte.
Cato, espero y quiero que entiendas y analices punto por punto mi carta, sé que es un poco dura. Tengo, hoy en día, que aceptar y reconocer que tenías toda la razón cuando en nuestros diálogos en la celda, cuando estuviste preso en Ginebra, hablaste tú de la necesidad urgente y radical de que la mujer tome, ya y desesperadamente, más control directo sobre los elementos químicos como el Uranio y Plutonio; con que se construyen las bombas atómicas y con los cuales el hombre bruto, en la dirección que va, terminará por completo todo vestigio de vida en el triste planeta llamado Tierra.
Es hora que tú, yo, nosotros, pensemos y analicemos la muerte de esta mujer suiza que ha levantado y formado una toma de consciencia en el mundo.
Ella lo dijo, lo expresó con su muerte: El hombre bruto va a destruir completamente la vida y el Universo,
¡Es ahora!, te repito sin pena alguna y te lo digo con todo mi cariño, respeto y admiración. Sin perder un instante. ¡Hagámoslo!
Cato: tú, yo, nosotros, ¡todos! Seamos conscientes de que se necesita un cambio radical, que la mujer tiene y debe tomar más control de todos los elementos que el hombre bestia sólo utiliza para destruir y acabar con la vida de otros hombres, mujeres, niños y pueblos inocentes, con la única y atroz razón de acumular más dinero y oro. ¡Qué avaricia! ¡Dios Mío!, es algo incomprensible, imposible de aceptar al fin del milenio.
Tú bien sabes y comprendes lo anterior mejor que yo. Tú me abriste los ojos cuando estabas en la cárcel de mi país; me abriste el camino para pensar estas cosas.
No olvidaré jamás tu idealismo, tus sueños y tus ideas; pienso a veces que fui afortunado de conocer un hombre como tú. No sabía, quizás por falta de información, que en América Latina hubiera hombres que están más avanzados que nosotros ideológica y moralmente. ¡Con todo el progreso y con todo el dinero que nos rodea aquí en Suiza y Europa!
Por último y para terminar, te contaré lo siguiente:
Al entrar en un café, encontré por casualidad del destino a una pareja de ancianos. Eran abuelos y estaban acompañados de un niño muy lindo de ojos azules. Al mirarlo lo noté un poco ausente, triste e hiperactivo; saludé respetuosamente a los ancianos y busqué un lugar en el café, una mesa para mi esposa y yo.
Al sentarnos contentos, pedimos dos capuchinos con brandy, poco después volví a la mesa de los ancianos y el niño; ellos eran viejos conocidos del barrio y de mis padres. Era una pareja sin tacha alguna en su pasado de ciudadanos; estaban tristes y el niño feliz comía su helado en la copa; los saludé y me puse a conversar unos minutos con ellos. Llevaba varios días sin verlos, charlamos animadamente de varias cosas y de los nuevos grupos de hombres y mujeres organizándose para parar la violencia armada en el mundo, Latinoamérica y en especial en Colombia, México, Brasil y la Argentina.
Al ver al tan lindo infante recordé al mío, dirigí la mirada y palabra al niño y le pregunté si había ido a esquiar, me respondió animadamente y me contó alegre todo su viaje con la escuela en los tres días que estuvieron en la montaña practicando este deporte.
Esto me lo narraba mientras comía el delicioso helado; no sé porque le pregunté qué quería hacer el próximo verano y el niño en silencio se levantó de la mesa, me miró y empezó a saltar en un pie y en el otro, como si estuviera saltando de cuadro en cuadro un avión imaginario o una rayuela en el pequeño espacio que quedaba entre las mesas y ante la mirada sorprendida de las gentes que lo conocían, tanto como a sus abuelos.
Volví y le pregunté mientras brincaba:
- ¿Qué quieres hacer el próximo verano?,
Dejó de brincar, paró, me miró e ingenuamente se metió muy despacio y sin dudar, las dos manitas en los bolsillos del pantalón buscando algo conocido en ellos; al no encontrar nada, miró a través de la ventana del café, a lo lejos, y se quedó unos segundos así, mirando ensimismado, buscando el Sol lejano.
Así despacio, me miró y detenidamente, observó la gente del café.
De pronto, de sus bolsillos sacó las dos pequeñas manos, las observó, muy lentamente las colocó frente a su pecho y las empezó a juntar por las yemas de sus deditos; yo pensé en mi silencio y por un instante que iba a decir una plegaria.
El niño mirando sus manos como si en ellas ahora guardara y protegiera con ternura infinita un colibrí herido, se quedó otra vez unos largos instantes en esa posición, luego, repentinamente las tiró hacia mí, las abrió con un gesto conmovedor y me soltó unas palabras que salieron con máxima alegría del centro de su corazón:
-¡¡Quiero conocer los chigüiros y la tierra con la banderita tricolor!!.

Yo sin comprender estos gestos simbólicos, conmovido, igual que todos en el café, solo pude agacharme y tomando sus manos entre las mías le dije:
-Yo te ayudaré. El próximo verano, te prometo que conocerás los "chigüiros" y la tierra de la banderita tricolor. Yo te ayudaré.
Cato, me despedí y salí muy triste, tomé a mi esposa de la mano y fuimos a casa. Allí en el café quedó Federico, el niño huérfano de esa pareja suiza que se suicidó hace unas semanas.
En estos días, terminando mi tesis del doctorado en Antropología, me pregunto con preocupación que quiso decir el niño Federico con sus gestos o ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿de quién? fue que escuchó hablar de los "chigüiros" y dónde queda esa tierra con banderita tricolor que yo le prometí ayudarle a conocer el próximo verano y de la que nunca escuché en mi vida.
Federico es maravilloso.
Cato, todos mis abrazos y toda mi alegría en unión de mi esposa e hijo.
Continua...
©1996-2018 Carlos Echeverry Ramírez- Colombia
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Gracias, mil gracias y un abrazo fuerte a todos en Hispanoamérica.

jueves, abril 12, 2018

Las Crónicas y anticrónicas de Barcelona en el año 2018


 Hoy en Toronto, jueves 12 de abril del 2018

Un abrazo fuerte a todos mis amigos y lectoras en latinoamerica, deseandoles un feliz fin de semana.


 

   Arte en portada: Mimi Echeverry año 2004

Para la compra del libro en versión impresa y digital ir directamente a Amazon:


                                     
Un abrazo fuerte a todas y todos lleno de alegria y solidaridad en Colombia y latinoamerica. Les deseo a mis amigas y lectores un feliz fin de semana con la invitación a darle una nueva mirada a las Crónicas y anticrónicas de Barcelona hoy jueves 12 abril del 2018.

Estas Crónicas las escribí en Barcelona. Y como cosas extrañas e inesperadas que trae el incierto destino, al personaje principal de ellas, le puse el nombre de: Washington. Sin saber que años despues llegaría a la presidencia de los USA un extraordinario y brillante hombre de raza negra y que viviría en Washington y llamado Barak Obama.

Las Crónicas y anticrónicas de Barcelona, son el lamento infinito y el drama eterno de las comunidades negras e indígenas de Colombia, y otros países de latinoamerica, ante el genocidio y exterminio silencioso que han vivido y sufrido durante los últimos 500 años de la historia. 

Los invito a conocer al Otro. Aquel diferente y excluido como han sido nuestros hermanos indígenas y negros en Colombia.

Estas Crónicas son narradas desde el punto de vista del Hombre negro. No desde el poder y desde donde casi siempre se escribe la historia tergiversada de Colombia y America Latina y otros países del mundo.

Un abrazo fuerte a Todos lleno de Humanismo, Solidaridad, ética y Alegria para los días del por venir.

Carlos Echeverry Ramírez - Colombia
Toronto
Abril 13 del 2018
Todos los Derechos de Autor y para todos los países del mundo en cualquier idioma son Reservados a Carlos Echeverry Ramírez y Charrúa Editores del Grupo Catonet Comunicaciones Grupo (Toronto Canada)

Phone: 1-321 252 2760 

martes, diciembre 26, 2017

Gracias a todas y todos mis amigos y lectoras en Latino america..

A todos mis buenos amigos y lectoras en Latinoamerica Muchas  Gracias,   por su apoyo y compra de libros en Amazon.com   y en la Feria  del libro en la ciudad de Cali en el pasado mes de octubre.

 Un abrazo lleno de alegria y solidaridad a todas y todos  desde la Paz y tranquilidad de la ciudad de Toronto. Abrazo fuerte deseandoles un feliz año lleno de alegria salud y prosperidad, para todas y sus familias.

Con un extraordinario lector en la ciudad de Cali, (podría ser tambien en Maracaibo... o Buenos Aires) Y ahora para continuar la fiesta de la vida les traigo al maravilloso Willy Colon y Fonseca,  en una linda melodía, que me piden desde las orillas del Paraná en la Argentina, Colombia  y Venezuela.

 https://youtu.be/vWLfkZr69l4
Abrazo lleno de alegria y solidad a todads mis lectoras y amigos ...
Carlos Echeverry Ramiírez
Toronto

lunes, octubre 09, 2017

Feria del Libro en Cali, Colombia. Octubre 12 al 24 del 2017. Todos invitados...








Todos Todos  invitados a la Feria del libro en el Boulevard del rio.

Nuestros libros estarán en venta de diferentes Stands y su precio será  solidario para todos.

Un abrazo a todos mis amigas, amigos y lectores en la ciudad de Cali y Colombia

Abrazo fuerte a Todos. Nos vemos pronto.

Carlos Echeverry Ramírez
Toronto

jueves, julio 27, 2017

Estamos de fiesta con los precios de los libros...


Un abrazo fuerte a todos mis amigos y extraordinarias lectores en Hispanoamerica.
Les quiero informar que todos mis libros estarán en version digital, con un precio super solidario a partir de mañana viernes 28 de julio hasta el día miercles 3 de agosto en Amazon-Kindle.

 Su precio solidario para todas será de $1.00 dólar USA.  Lo pueden comprar con su tarjeta débito, la Visa, la Master card, y la american Express y leer muy felices en el Ipod, la tableta, smartphone, el movil, y la computadora.

Este detalle es un agradecimiento a todos aquellos que han comprado las versiones impresas en Amazon.

Un abrazo fuerte a todoas y todos mis queridos amigos en latinoamerica.







Todos estos cuatro libros estarán en versión digital desde mañana viernes 28 de julio del 2017 hasta el día miercoles 3 de agosto por el precio de $1.00 dólar para le beneficio de todos mis lectores y amigas en hispanoamerica.
Carlos Echeverry Ramírez
Cadiz,  Julio 27 del 2017

jueves, julio 20, 2017

Crónicas de New York-- 2017





©2009-2017 Carlos  Echeverry  Ramírez (Colombia)
Reservados todos los derechos de Autor y la Propiedad intelectual ante CIPO y WIPO, para todos los países del  mundo.
Charrúa Editores y Catonet Comunicaciones Grupo
fitofeliz@hotmail.com            

Crónicas de New York
Al regresar de Argentina, a finales del mes de mayo del año 2008 empezaron a suceder hechos que eran desconocidos para todos los residentes en el edificio donde vivo.
Primero fueron los llantos desgarradores  y con frecuencia,  no determinada,  de una mujer al amanecer.
Llantos imparables qué en estos momentos pienso ¿si yo era el único que los escuchaba en él edificio? o si los otros vecinos también.
Ese llanto me aterraba. Y no me dejaba dormir.  Y cuando lograba conciliar el sueño del llanto de la desesperada mujer en las noches, en otros días y horas diferentes del amanecer; eran otros los llantos de una bebé. Y llantos estos  qué  me hacían sentir la fragilidad del ser humano y de la soledad de las personas o de la impotencia ante ciertas circunstancias y en las cuales vivimos todos.
Lo peor para mí en esas noches y amaneceres y lo más angustiante de todo, era la imposibilidad de poder ubicar, de donde venían, o provenían los llantos de esa Mujer y esa Bebé,  para poder ir y tratar de calmar ese dolor o ese sufrimiento de las dos.
Así continuaron los meses y los llantos se fueron distanciando en la medida del tiempo.
Sin embargo…  una noche cerca de las 23 horas  escuché en la puerta de mi vecino del frente unos golpes muy violentos que me hicieron pensar que la noche traía algo inesperado y no conocido en el edificio donde vivo. ¿Carajo qué está pasando? recuerdo que me pregunté asustado.
Y sin nervios  caminé hasta la entrada de mi apartamento,  abrí la puerta y encontré una mujer cercana a los cuarenta años.
Extremadamente bella, alta y cabello negro tirando a rojizo, muy delgada, ---quizás demasiado-- con unos ojos azules y una característica ya conocida y muy definida en ellos. Y en ese tipo de mirada, que conocí en otro ser humano y en años  ya muy lejanos de mi vida…
Es decir una mirada fría sin expresión alguna en ella.
Al abrir mi puerta y encontrarla en el corredor frente a la puerta del vecino desconocido, la miré cauto sorprendiéndome con  la  belleza de esta Mujer y su  extraña mirada.
Ella me observó en ese instante unos breves segundos con mirada inexpresiva…ojos vidriosos. Nos miramos a los ojos los suficiente para reconocernos el uno al otro.
No cruce palabra con ella. La miré toda, y me entré de nuevo a mi apartamento.
La extraña mujer suspendió los fuertes golpes a la puerta con sus pies…
Ya dentro de mi apartamento y después de los hechos narrados, puse la música del “todas las mañanas del mundo” del film de Cirano de Bergerac (Gerard Depardue) traté de dormir –no pude-- y al cabo de unas dos horas y sorprendido de la violencia de esta chica hacia la puerta, medité unos momentos sobre su acto irracional y decidí volver a mirar al exterior de mi apartamento y la puerta del vecino para saber ¿Qué había pasado con la mujer, en la puerta del vecino y que solo vi unas dos veces en mi vida?.---ya que solo unos meses antes se había cambiado a este lugar--. Mi susto y sorpresa fue sin límites al encontrar en el piso del corredor a la Mujer durmiendo allí,  y usando como almohada su pequeño morral y sus pertenencias a pesar de las bajas temperaturas de la noche.
No supe que hacer. Sin conocerla y habiendo escuchado la violencia sobre la puerta del apartamento del vecino y para evitar problemas volví a entrar en mi lugar.
Recuerdo que me fue imposible de dormir esa noche pensando en la mujer durmiendo en ese piso frio y sin una manta ni nada. Mientras la noche pasaba me preguntaba esa noche si el chico ¿ no estaba? o ¿qué problema existiría entre ellos para que no abriera la puerta a esa chica? y otra cantidad de cosas vinieron a mí mente en esos momentos y en esas me pasé toda la noche.
A la mañana siguiente cuando salí para la biblioteca de la universidad a una conferencia que tenía que dictar sobre algunos temas de la violencia contra la Mujer en Colombia y Latinoamerica de mi primer libro titulado “el último viaje”, La mujer ya no estaba acostada en el helado piso y  frio corredor del edificio. Caminando con dirección al metro me hice varias preguntas. ¿Qué habrá pasado con ella? ¿Entró al apartamento? ¿Se fue? ¿Se perdonarían sus errores de meses pasados? Y así en esas preguntas que me hacía, me fui a la conferencia.
Los meses fueron pasando y la vida siguió con sus rutinas habituales y era siempre la misma historia cada dos o tres semanas…
Los llantos de la mujer al anochecer y los llantos del bebé al amanecer. Y las respectivas visitas de la bella mujer de ojos azules, extremadamente delgada con patadas y puños a la puerta para entrar en el apartamento del vecino desconocido…
Nunca más volví a mirar o abrir la puerta para observar la mujer bella y violenta…pero una mañana hace unos días y como cosa no extraña, me llegó de la Argentina un regalo, --un sobre muy grande-- por el correo.
Lo reconocí de inmediato y me reí recordando momentos felices y recordé todo lo vivido en tiempos pasados y felices en la tierra de Gardel ….allá en el  litoral santafesino y con la inolvidable última noche en Buenos Aires.
Cerré la casilla del correo y subí al apartamento y observando detenidamente el regalo tan inesperado y lindo. Alguien tocó la puerta. Precisamente ese día en que me llegó el regalo  de la Argentina.
Abrí la puerta del apartamento y era la ¡Policía!.
Muy amables y profesionales  en Canadá. Salude al agente y escuché su pregunta.
¿Escuchó algo raro anoche en el corredor? Aquí donde su vecino al frente. Preguntó.
Mientras me señalaba la puerta diagonal a la mía…
Yo le respondí : Si anoche al llegar a las 23 horas aproximadamente estaba una mujer durmiendo a veces sentada o acostada en el piso,  frente a la puerta de ese apartamento y como era ya habitual algunas noches los últimos meses por parte de ella..
Esa era una mujer muy bella que siempre que venía agarraba la puerta a patadas y golpes y luego a veces entraba y otras veces no y dormía en el corredor.
Nunca cruce palabra alguna con ella desde mi regreso hace unos meses de Argentina le dije al oficial de la policía.. Fue todo lo que hablé.
 ¿No escucho nada raro? Si cerca de las dos de la mañana escuche a lo lejos que una pareja discutía en forma muy agresiva pero no puedo ubicar de que apartamento eran los gritos ni la discusión o sobre que discutían..
¿Por qué? ¿Que pasó? Pregunté asustado.
La mujer amaneció muerta hoy en la mañana dentro del apartamento de su vecino..
Fue la respuesta del agente. Me quedé frío …
Puse el regalo  que me había llegado esa misma mañana de la Argentina y me puse a pensar en la fragilidad de todo.
Al pasar los días se conocieron las causas de su muerte por los médicos forenses.
La mujer había muerto por: Sobredosis de Heroína...
Y como cosa extraña en el corredor esa mañana del levantamiento del cadáver quedó al exterior una silla. Y hoy me pregunto ¿si en ella se sentaba a tomar café esa bella mujer? Si se sentó en ella a reír, escribir, a pensar, y si:  ¿Ella también escuchó las muchas veces el llanto de aquella mujer y de esa Bebé que yo también escuché tantas noches en meses pasados?
En Toronto febrero 10 del 2009
©2009-2017 Carlos  Echeverry  Ramírez (Colombia)
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jueves, julio 06, 2017

La Concha de Oro. La novela de la erotica del Poder..En venta hoy


 #LaConchadeOro  enlace directo para la compra de la Novela en Amazon.es

Queridos amigos, familia y lectores en la Argentina y otros lugares de Hispanoamerica. Hoy  les doy un abrazo fuerte lleno de alegria y solidaridad a todas y todos.
Les entrego un fragmento de la Concha de oro.
Espero les guste y lo compartan con sus amigos y familia.

Un abrazo fuerte a todos.

Carlos Echeverry Ramirez


©Carlos  Echeverry  Ramírez - Colombia
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Fragmento 2 de la Concha de Oro
_ ¿“A ver, cuéntame. Qué ha sido  de tu vida?” Ella se sonrojó un poco y le miró fijamente. Luego se miró de arriba abajo el cuerpo que para su edad no estaba mal. Todavía conservaba la misma voluptuosidad y sensualidad de aquel entonces a pesar de algunos kilos de más.  Tranquilamente respondió: _“Soy feliz. Tengo dos hijos maravillosos. Trabajo como profesora en un colegio de bachillerato y en mis ratos libres colaboro en la biblioteca pública de mi ciudad. Cuando puedo viajo a la India para hacer un retiro espiritual durante seis semanas”. _ Y tu marido? Le espetó directamente. “A mi ex marido, querrás decir, no le conoces. No fue de nuestra época.  Es un ingeniero brillante que trabaja para la Siemens en Múnich. Nos  conocimos en Viena en un fin de semana loco y me enamoré. Al poco tiempo dimos el paso y nos casamos, pero como todo en la vida tiene un principio y un final… aquí estoy. Sola pero feliz”.

Continua…©Carlos Echeverry Ramírez--Colombia
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lunes, mayo 22, 2017

Crónicas y anticrónicas de barcelona 2017






Crónicas y anticrónicas de Barcelona
ISBN: 978-0-9683701-2-4
©Carlos  Echeverry  Ramírez  --  Colombia
Reservados todos los derechos de Autor y propiedad  intelectual ante CIPO y WIPO para todos los países del mundo.
©2004-2017 CAER
Catonet Comunicaciones Grupo® -- Charrúa Editores®   
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http://www.carlosecheverryramirez.org
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Fragmento 1

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Cuentan que a la mañana siguiente Isabelina se levantó para hacer agua de panela, cocinar unos plátanos y freír el pescado, como era su costumbre. Se encomendó a Dios por su vida, besó con fervor el escapulario y la medallita de san Benito que le había regalado el cura Óscar.  Prendió el fogón en la parte trasera de su rancho. Atizaba los maderos y avivaba la llama tarareando una melodía, y entre bostezos miraba también entretenida el río, como todos los días. Entonces creyó por un instante que estaba alucinando al ver un extraño brillo en el río, a unos cincuenta metros de distancia, dentro de las anchas y apacibles aguas. ‘Muy extraño’, pensó alejándose del fogón. Más rara se sintió cuando vio que eso que brillaba como un espejo parecía llamarla desde el playón. Caminó nerviosa hacia la orilla del río, sacó de entre sus caídos y arrugados senos un escapulario con la imagen de José Gregorio Hernández, la virgen de Guadalupe y la medallita de oro con la cara de Simón Bolívar, y los besó otra vez sintiéndose invencible en su fe, deseando que las serpientes se alejaran de su camino y no estuvieran por esos lados, porque con la crecida del río y la luna llena de la noche anterior era el momento indicado para que anduvieran por el lugar. Llegando asustada a la orilla del río y dándose la bendición otra vez para mirar mejor lo que la extrañaba, solo atinó a exclamar: -‘¡Dios mío!, ¿qué es eso?’-. Luego avanzó un poco más a un pequeño alto en la orilla para poder apreciar con mayor claridad lo que había visto desconcertada desde su rancho y en el corto trayecto recorrido. Se puso como pudo las  gafas con un solo vidrio de su difunto marido, y logró distinguir en la distancia a un hombre muy dormido en paz eterna, entre el brillo de las mansas aguas y las blancas piedras del río, muy quieto, allá en las titilantes arenas del playón.
“Sorprendidos nos quedamos cuando fuimos a rescatar el cadáver al playón del río. El cuerpo estaba en una posición extraña, como si él mismo se hubiera recostado lentamente y acomodado sobre  un montículo de arena. Este cadáver estaba bien vestido, recién bañado y afeitado. Mientras fumábamos y amarrábamos la lancha, observamos que el difunto apretaba en su mano izquierda una antigua cruz de plata que llevaba inscrita la palabra “Toht”. El semblante del hombre reflejaba mucha paz. Su expresión daba a entender que había muerto tranquilo. Mostraba una sonrisa santificada y plena que lo hacía parecer un iluminado, un escogido entre todos los hombres de esta tierra. Todos creíamos con certeza en ese instante que quizás estaba predestinado a reencarnarse en pocos días en un ser especial, en un ángel. Parecía un Cristo negro.”
 “Todavía un poco espantados y sin saber muy bien qué hacer ante aquel cuerpo, encendimos otro cigarrillo. Nunca habíamos visto la muerte de esa manera. También discutimos  los del grupo de rescate y coincidimos, que aquel iluminado parecía estar despidiéndose muy feliz, despidiéndose de la ingratitud, la violencia y la avaricia de tantos hombres blancos en toda la historia del universo.
En horas de la tarde, ya muy cansados y con hambre, llegamos al muelle de Guapi. Nos sorprendió ver la  romería de personas que nos esperaban, nunca se había reunido tanta gente para ver un muerto en el pueblo. Aunque éste era muy diferente. No entendimos el porqué de tanta espera si horas antes en el caserío nadie sabía de su llegada. A su entierro fueron muchos que no lo conocieron en vida. Asistieron todos sus familiares y amigos, hasta los perros de los otros caseríos también estuvieron y aullaron a la luna llena dos noches seguidas. En el río, los peces brincaban fuera del agua como nunca antes. Lo más extraño era que todo el mundo quería estar cerca del difunto, conocerlo o tocar su cuerpo para así sacar de él, y también guardar en ellos, un poco de la paz y del sosiego que aquel cristo negro trasmitía a toda la gente de Guapi.”
“El entierro fue el más grande que se hubiera visto en la vida del pueblo. No hubo fiesta, como ocurre en los funerales de los negros. Cuando un niño negro nace todo el mundo llora, pues viene a sufrir injusticias en la tierra. Cuando muere, todos cantan todo es alegría porque por fin dejó el mundo del hombre blanco. En el entierro de este hombre hubo silencio durante tres días. Era Semana Santa cuando arribamos con los restos. Se escucharon en eco las plegarias y el repique interminable de los tambores elevados al cielo. Al domingo siguiente del entierro aún lo lloraban quienes lo conocieron; los que no, preguntaban a cada instante quién era ese hombre.”
Continua…
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